Contar tu vida. Mintiendo. Si es preciso.

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Para Blog

 

José M. Campos (Madrid, 1979) aprovecha que le ha dado demasiado el sol en la cabeza y nos cuenta un montón de cosas sobre Levántame (La Indolente, verano de 2016), el lugar que ocupa en el conjunto de su producción literaria y sus planes de futuro. Nos encontramos en una de esas mañanas en las que el verano concede un respiro y sopla una agradable brisa. Por la parte de abajo de la foto está en calzoncillos.

 

Dices que escribir es un camino a recorrer. ¿En qué lugar de ese camino te encuentras ahora?

Bueno, después de media vida escribiendo y dos años publicando, supongo que sigo haciendo básicamente lo mismo: contar historias. También sigo dedicando mis esfuerzos al mismo género, que es el relato breve. Aunque creo que he aprendido unas cuantas cosas desde Lo que yo quería deciros. Aquellos cuentos tan cortos, como Alicia y Mi amigo maricón, tenían el atractivo de lo inmediato. del fogonazo que debe ser una historia narrada en cuatro o cinco páginas. Sin embargo, carecían de profundidad y desarrollo. Tenía la sensación de que los personajes apenas estaban esbozados. Con Eso que nos pasó como un ciclón y Levántame he intentado dar un paso hacia adelante en el trabajo narrativo. No es sólo una cuestión de extensión. Ambos son relatos con un ritmo más pausado y una mejor elaboración de la trama. O eso espero.

 

Leyendo los dos últimos títulos, la primera impresión es que son muy diferentes. ¿Se debe sólo a la temática?

En cierto modo. La temática, por lo general, condiciona el tono y el estilo. Eso que nos pasó como un ciclón, incluso antes de comenzar a escribirlo, siempre se me antojó como una especie de canto a la primavera, lo sensorial, lo lúdico. Cuenta un pequeño episodio en la vida de una pareja y tiene un aire mágico. Quería hablar sobre el deseo, la necesidad de amar, de escapar de uno mismo. En cambio, Levántame es un cuento que gira por completo en torno al tema de la muerte del padre. Creo que comparte con el anterior cierta atmósfera mágica, pero el tono es muy distinto: mucho más oscuro. El modo en que llega al lector es otro y es necesario contarlo de otra manera.

 

Levántame continúa con el mismo formato: producción y encuadernación minimalistas para un cuento que puede leerse en dos o tres viajes de metro. ¿Cómo han recibido los lectores este tipo de publicación?

Pues bastante bien. Hemos enviado muchos ejemplares. En La Indolente pensamos que hay un tipo de lector interesado en lo que hacemos a nivel editorial. Intentamos que exista una coherencia en todo lo que publicamos. Personalmente, tampoco veo a mucha gente por ahí apostando por este tipo de narrativa sucia y pegada a la realidad. Ahora hay una gran eclosión de la literatura independiente y eso es estupendo. Pero me encanta pensar que lo que nosotros ofrecemos sólo lo van a poder encontrar aquí. Es una suerte de vínculo frágil y secreto que tratamos de cultivar con los lectores.

 

Tu manera de narrar, a veces, lleva a pensar que estás contando tu vida. ¿Qué hay de eso? Te habrán preguntado mil veces esta mierda.

Sí, y siempre contesto con la misma mierda pretenciosa y suficientemente vaga: la vida es el material del que se hace la literatura. No puede haber literatura sin sinceridad, sin una exposición alegre y decidida, ante quien quiera escucharte, de quién eres y cómo ha sido tu paso por el mundo. Pero mucha gente tiende a confundir la vida con la realidad. La realidad es un coñazo y, en gran medida, nos obliga a ser quienes no somos. Claro que cuento mi vida. Pero mintiendo si es preciso.

 

Y respecto al futuro inmediato, ¿qué te traes entre manos en este momento?

Un nuevo cuento algo más largo que se titula Drogas para adolescentes. Pretendo que forme una trilogía junto a Eso que nos pasó como un ciclón y Levántame, aunque serán los lectores y lectoras quienes tendrán que encontrar qué tienen en común los tres títulos. La idea es que esté para septiembre. Y a medio plazo, una novela. Parece que hay gente entusiasmada por leer la clase de cosas que escribo. Nunca lo entenderé del todo. Pero creo que una novela bien escrita sería un fantástico regalo para todos ellos. Aún no tengo ni idea de qué contar en tantas páginas. Tendré que averiguarlo. Pero no pasa nada. Lo que realmente merece la pena es el camino.

 

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