En el presente módulo del Taller Literario Online vamos a conocer y utilizar un recurso estilístico específico: la enumeración.

Y vamos a comenzar a hacerlo leyendo una enumeración maravillosa:

Debo andar con tiento. Debo hablar en un susurro. ¡Oh, tú, veterano reportero de la sección de sucesos, oh tú, grave y anciano ujier, oh tú, en un tiempo popular agente, ahora en solitario confinamiento después de adornar durante años ese cruce frente a la escuela, oh tú, mísero catedrático emérito al que tiene que leer un niño! Jamás os enamoraríais locamente de mi Lolita, ¿verdad? Si yo hubiera sido pintor y la administración de Los Cazadores Encantados hubiera perdido el juicio un buen día de verano y me hubiera encargado la decoración de su comedor con frescos de mi propia cosecha, esto es lo que habría concebido. Permítaseme enumerar algunos fragmentos:

Habría habido un lago. Habría habido una flamígera mata de arbustos en flor. Habría habido estudios del natural: un tigre persiguiendo a una ave del paraíso, una serpiente atragantándose al deglutir el cuerpo machacado de un cochinillo. Habría habido un sultán, con expresión de extático tormento (suavizado, por así decirlo, por el gesto amoroso de sus manos), ayudando a una jovencísima y calipigia esclava a trepar por una columna de ónice. habría habido esas bombillas resplandecientes que viajan como espermatozoides por los bordes opalescentes de los bares. habría habido toda clase de actividades del grupo de Lolita en el campamento: remo, canto, baile, rizos que se peinan al sol a la orilla del lago. Habría habido álamos, manzanos, un domingo en una urbanización residencial suburbana. Habría habido un ópalo de fuego disolviéndose en un estanque ondulado, un último latido, un último dejo de color, rojo, penetrante, rosa punzante, un suspiro, una niña que hace una mueca de dolor. 

El texto es un fragmento de Lolita de Nabokov. Para quien no lo haya leído y en un temerario intento de ponerlo en antecedentes sin destripar el libro: el personaje, Humbert Humbert, obsesiva, salvaje y honestamente enamorado de una niña de nueve años, Lolita, al fin consigue consumar su pasión en un hotel de medio pelo llamado Los Cazadores Encantados. No ha sido nada fácil. Han pasado muchas cosas hasta este momento de la historia, algunas de ellas muy tristes y penosas.

Pero el personaje, en este momento, se encuentra en la cúspide de su felicidad, en un momento de culminación plena de su identidad, de su papel en la historia, del sentido de su vida, tal y como plantea el esquema moral tan particular de la obra. Y observando el entorno cutre que tiene a su alrededor (un hostal de carretera), da cuenta de su alegría enumerando qué hubiera pintado de ser pintor y la dirección del hotel le hubiera encargado la decoración del mismo.

Vamos a aprovechar el momento para añadir algo importante: la mejor forma de definir a un personaje es por medio de acciones. Podemos decir que “Antonio era feliz” o que “Antonio daba saltos de alegría y abrazaba a todo el mundo”. La mejor opción es siempre la segunda, comoquiera que la escribamos. Un buen escritor no cuenta cómo son son personajes, sino que se los muestra al lector.

Volviendo a nuestro peculiar héroe y su fantasía pictórica:

Si yo hubiera sido pintor y la administración de Los Cazadores Encantados hubiera perdido el juicio un buen día de verano y me hubiera encargado la decoración de su comedor con frescos de mi propia cosecha, esto es lo que habría concebido. Permítaseme enumerar algunos fragmentos:

Habría habido un lago. Habría habido una flamígera mata de arbustos en flor. Habría habido estudios del natural: un tigre persiguiendo a una ave del paraíso, una serpiente atragantándose al deglutir el cuerpo machacado de un cochinillo. Habría habido un sultán, con expresión de extático tormento (suavizado, por así decirlo, por el gesto amoroso de sus manos), ayudando a una jovencísima y calipigia esclava a trepar por una columna de ónice. habría habido esas bombillas resplandecientes que viajan como espermatozoides por los bordes opalescentes de los bares. habría habido toda clase de actividades del grupo de Lolita en el campamento: remo, canto, baile, rizos que se peinan al sol a la orilla del lago. Habría habido álamos, manzanos, un domingo en una urbanización residencial suburbana. Habría habido un ópalo de fuego disolviéndose en un estanque ondulado, un último latido, un último dejo de color, rojo, penetrante, rosa punzante, un suspiro, una niña que hace una mueca de dolor. 

Vamos a ver algunas cosillas:

  • ¿Qué es una enumeración? La enumeración es un recurso estilístico que consiste en sumar y acumular elementos. Un ejemplo: “él llegó a casa y cerró la puerta, encendió la luz, se quitó los zapatos, caminó en dirección al cuarto de estar, se sentó en se sofá preferido y se voló la tapa de los sesos con una escopeta que guardaba en el armarito de la cubertería”. Los elementos de una enumeración, por lo general, van unidos por signos de puntuación (comas) y nexos copulativos (y/o/e). Vamos a poner atención en esto. Nada de puntos suspensivos por doquier. Seamos correctos gramaticalmente. Pensad que Dios lo está viendo. Aunque seáis ateos. Eso da igual.
  • Frase corta o frase larga. Si los elementos de vuestra enumeración son frases cortas (…ella lo abrazó, lo besó, lo amó, lo hizo suyo.”) el ritmo de lectura es rápido. Pensad en ello como si se tratara de música. Si, en cambio, los elementos de la enumeración son frases largas (“ella extendió sus brazos hacia él y lo retuvo con pasión, pues había deseado hacerlo durante largo tiempo; sus labios se unieron, se fundieron por fin en un cálido beso que hizo estremecerse a las estrellas; se amaron, se amaron de todas las formas imaginables e incluso de algunas que aún estaban por inventar; bajo la luz de la luna, finalmente, pudieron ser el uno para el otro.”) el ritmo de lectura se vuelve lento. Si somos hábiles alternando las frases largas y las frases cortas en una enumeración, mágicamente, seremos capaces de moldear el tiempo en la cabeza del lector.
  • La repetición. Una enumeración debe tener ritmo. De nuevo, pensad en esto en términos musicales. Un batería dándole a los platos. Chis, chis, chis, chis. Maldita sea, aquí se trata de hacer música. Y para ello, nada mejor que leer en voz alta nuestro texto. Hacedlo y preguntaos: ¿suena bien? ¿No se vuelve un poco pesado en esta parte? ¿Si lo que quiero es dar cuenta de la paciencia y esmero de un artesano del medioevo no me estarán dando por saco estas frases tan cortas y seguidas, en plan ametralladora? El trabajo de escribir consiste en hacerse esta clase de preguntas. Si algún día os convertís en escritores y escritoras y en una charla de sobremesa os preguntan cómo es vuestro trabajo, cambiad de tema.

Y a continuación voy a proponeros dos enumeraciones distintas para que realicéis. Una es más sencilla que la otra. Vosotros podéis elegir cuál hacer. O hacer las dos.

 

1. Me gusta / No me gusta

En este ejercicio se trata de utilizar la enumeración para qué nos gusta o qué no nos gusta. Os dejo un ejemplo de “No me gusta” de un escritor de mierda de por ahí:

 

NO ME GUSTA

Las gente que estudia Turismo. Las manifestaciones multitudinarias. La peña que sigue desayunando Cola-Cao con treinta o cuarenta años. La política. Los eufemismos. El Martini. Las revistas de tendencias. La gente cuya fantasía sexual es hacerlo en un ascensor. Las buenas maneras. El cine español. El verano. Los señores que disertan sobre política internacional mientras se atiborran a cañas y chopitos. Los coches. La velocidad. La gente que es incapaz de hablar de algo sin posicionarse a favor o en contra. Las camisas. Los pantalones de pinzas. Los gráficos explicativos. Los tipos que llevan media vida si comerse un colín y subliman su frustración llamando feas a las novias de los demás. Los adiestradores de perros. Las señoras que paran taxis en Serrano. Las faltas de ortografía. Las copas a la mitad. Los lugares oficialmente bonitos. La gente que siempre lo pasa bien. La adolescencia. Que me llamen chico, que me toquen al hablar. Los columnistas de prestigio. Comer un kebab delante de alguien. Discutir por teléfono. La amistad con condiciones. Esperar. 

Este texto es divertido y relativamente sencillo de realizar. Pensad bien en qué palabras utilizáis. Enseñad a personas haciendo cosas. Podéis empezar con un ritmo lento y luego acelerarlo. O al contrario. Probad distintas cosas y comprobad cómo funcionan al leerlas. Cada palabra cuenta. Ninguna tiene que estar por el mero hecho de estar. 

 

2. Si yo hubiera sido

Este es más chunguillo, pero como tenemos el ejemplo de Nabokov y lo vamos a copiar sin que se note, no tenemos nada que temer. El ejercicio consiste en escribir un texto con esta estructura:

  1. Si yo hubiera sido __________________, esto es lo que hubiera hecho:
  2. Enumeración. Pam, pam, pam, pam, cuidando mucho la música y hasta que nos quedemos a gusto.
  3. Pero no lo era. Así que lo que hice fue ______________________.

Si os decantais por éste, deteneos un momento a pensar. Necesitáis encontrar qué demonios poner en esos dos espacios en blanco. Antes de escribir. El principio y el final. Cuando lo encontréis, comprobad mentalmente si funciona. ¿Lo tenéis claro? Pues entonces, seréis imparables. Un escritor es alguien para quien escribir representa un inmenso problema, alguien que piensa durante mucho, mucho tiempo cómo va a escribir algo antes de hacerlo. Así se trabaja. Este es el curro.

Mucho ánimo para todo el mundo y enhorabuena por el trabajo realizado hasta ahora.

PD: Insisto: en las reuniones familiares, cambiad de tema.