En esta unidad del Taller Literario Online de La Indolente vamos a detenernos en una herramienta fundamental en narrativa: la descripción. Para ello, nos detendremos en la descripción del personaje protagonista de dos narraciones: La Metamorfosis y La conjura de los necios.

Vamos allá con el primero de los textos:

 

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparaclon con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.
        — ¿Qué me ha sucedido?

La metamorfosis – Franz Kafka

Este texto, que constituye el arranque del popular cuento de Kafka, contiene un elemento sobre los que nos vamos a detener al ser importantes a la hora de escribir una descripción.

  1. La adjetivación. Por lo general, cuando escribimos narrativa, hemos de pensar que los sustantivos y adjetivos tienen funciones distintas:
    1. El sustantivo siempre porta la carga principal de significado. Hemos de pararnos un rato y pensar si nuestro sustantivo realmente dice lo que nosotros queremos decir. Un sustantivo mal elegido no puede arreglarse, posteriormente, con la adición de un adjetivo.
    2. El adjetivo siempre sirve para calificar, especificar, matizar o engrandecer al sustantivo. Por sí mismo, no porta ningún significado. Un adjetivo mal elegido puede matizar el significado de nuestro sustantivo de modos no deseados.

Estos son los errores más comunes a la hora de adjetivar:

  1. Redundar demasiado en el significado que ya aporta el sustantivo. Por ejemplo, si escribimos “su adversario se defendió con violentos puñetazos en mitad de la noche oscura”, hemos de pensar que, tanto “puñetazos” como “noche” ya están aportando el significado que añadimos posteriormente con el adjetivo. Casi todos los puñetazos son violentos y, a no ser que vivamos en Islandia, todas las noches suelen ser oscuras. Si redundamos sin necesidad a la hora de adjetivar, restaremos fuerza al sustantivo. Si el adjetivo ya dice todo lo que queremos decir, no hace falta adjetivarlo.
  2. Aportar significados extraños o demasiado rebuscados mediante la adjetivación. A veces, cuando queremos añadir un poco de brillo a nuestra narración, tendemos a incluir adjetivos con un fuerte contenido metafórico. Esto casi nunca es buena idea. Si escribo que “me muero por cubrirte a besos azules y oníricos”, estoy aportando significados ajenos al sustantivo. El resultado no es muy eficaz, ya que exige un esfuerzo por parte del lector que, habitualmente, no está justificado. Las palabras ya tienen sus propios significados: dejemos que hablen por sí mismas.

 

¿Cómo adjetivar correctamente?

En nuestra descripción. vamos a pensar, primeramente, qué rasgos queremos destacar sobre los demás por su relevancia respecto al conjunto del personaje descrito. En el caso de La metamorfosis, Kafka fija su atención en dos elementos que son definitorios de la anatomía de cualquier insecto: el vientre y las patas. Podría hablar también de las antenas, las alas o los ojos. Pero en lugar de eso, prefiere hacer recaer toda la descripción sobre esos dos elementos.

Nosotros lo vamos a hacer del mismo modo. Una vez decidido el personaje al que vamos a describir, vamos a elegir dos o tres elementos que lo definan. Puede ser su nariz, su ropa o su voz , por ejemplo. Cuando hayamos decidido cuáles son esos rasgos definitorios, tendremos nuestros sustantivos.

Vamos a a hacer un pequeño alto en la exposición para leer la descripción de Ignatius Reilly en La conjura de los necios:

En este fragmento, que, al igual que el de La metamorfosis, constituye el arranque de la novela, John Kennedy Toole parte de un único elemento del personaje, la gorra verde con orejeras, para desarrollar el resto de la descripción del mismo. Todo el personaje, a partir de este instante, va a ser representado simbólicamente por esta enorme gorra.

Gorra. Éste es el sustantivo. Vamos a buscar otros con presencia en el texto:

  • Cabeza – globo
  • Pelo
  • Labios
  • Ojos

Y ahora sus correspondientes adjetivos:

  • Cabeza – globo – carnoso
  • Pelo – cerdas – finas
  • Labios – gordos – bembones
  • Ojos – azules – altaneros

Como vemos, no hacen falta demasiados adjetivos en un texto para dotarlo de variedad y color. Como siempre, la norma es que cada palabra cuente. Antes de adjetivar, pensamos qué estamos aportando a nuestro sustantivo y si dicha aportación es realmente necesaria. 

Por cierto, fijaos en el contraste que el autor realiza entre los ojos y el resto de rasgos. Mientras que la cabeza, el pelo, las orejas y los labios nos están dibujando a un personaje gordo, desaliñado y algo grosero, sus ojos, en cambio, son azules y altaneros. Este tipo de contrastes harán que nuestro personaje esté vivo.

El ejercicio

 

Como bien habréis supuesto, vamos a escribir una descripción. Esta descripción será de un personaje ajeno al narrador, fundamentalmente del aspecto externo del mismo y será en tercera persona. Decidid, antes de nada, cómo es ese personaje a partir de dos rasgos muy característicos. ¿Las manos? ¿La nariz? ¿La voz? ¿La forma de caminar? Cuando los tengamos, comenzaremos a escribir nuestra descripción sin perderlos nunca de vista.

Y para rendir un pequeño homenaje a Kafka, vamos a concluir obligatoriamente nuestra descripción de este modo:

“—¿Qué le ha sucedido?”

Recordad:

  • El sustantivo el la salchicha. El adjetivo el keptchup. Nadie come keptchup a palo seco. Las salchichas, depende.
  • Me acabo de dar cuenta de que el símil es muy ordinario, pero espero que os sirva.
  • Si nuestro sustantivo suena genial sin adjetivar, puede que no necesite de ningún adjetivo.
  • SI nuestro sustantivo cumple pero no nos convence del todo, busquemos primero otro sustantivo mejor.
  • El adjetivo siempre debe ser pertinente, necesario y hermoso.
  • Expresad algún conflicto, alguna divergencia, algún rasgo insólito desde la primera línea.
  • Titulad vuestro texto con el nombre del personaje que acabáis de inventar.
  • Enamoraos, aunque sea un poquito, de este personaje.

Mucho ánimo y enhorabuena por el trabajo realizado.