Introducción

En este primer bloque del Taller Literario Online de La Indolente vamos a tratar brevemente los siguientes asuntos:

  • Escribir es escribirle a alguien: la sinceridad.
  • Mentir para contar la verdad: la verosimilitud.
  • El motor de toda creación literaria y narrativa: el conflicto.

Finalmente, los pondremos en práctica con un primer ejercicio que, además, nos servirá para presentarnos y que lleva por título “Quién soy yo”.

 

Escribir es escribirle a alguien: la sinceridad

Vamos a comenzar este apartado con una cita de Rousseau (Ginebra, 28 de junio de 1712-Ermenonville, 2 de julio de 1778), popular fílosofo de la Ilustración conocido tanto por sus aportaciones fundamentales al pensamiento político moderno como por haber abandonado uno por uno a sus cuatro hijos en un orfanato parisino a los pocos días de su nacimiento.

“Emprendo una obra de la que no hay ejemplo y que no tendrá imitadores. Quiero mostrar a mis semejantes un hombre en toda la verdad de la Naturaleza y ese hombre seré yo. Sólo yo. Conozco mis sentimientos y conozco a los hombres. No soy como ninguno de cuantos he visto, y me atrevo a creer que no soy como ninguno de cuantos existen. Si no soy mejor, a lo menos soy distinto de ellos. Si la Naturaleza ha obrado bien o mal rompiendo el molde en que me ha vaciado, sólo podrá juzgarse después de haberme leído. Que la trompeta del Juicio Final suene cuando quiera; yo, con este libro, me presentaré ante el Juez Supremo y le diré resueltamente: he aquí lo que hice, lo que pensé y lo que fui.”

Esta cita, extraída del prefacio de sus Confesiones nos sirve para poner de manifiesto un rasgo esencial de la creación literaria:

  • No existe literatura sin sinceridad. Podemos engalanar nuestros textos con arriesgadas metáforas, perífrasis audaces, perfectas ejecuciones técnicas, descripciones floridas y diálogos ingeniosísimos. Pero si lo que escribimos no es sincero, si no utilizamos la literatura para dar cuenta de nuestro paso por el mundo -de lo que hicimos, de lo que pensamos, de lo que fuimos- será muy difícil que establezcamos una conexión con el lector.

 

Mentir para contar la verdad: la verosimilitud

De lo anterior, parece desprenderse la siguiente pregunta: ¿acaso debo contar de pe a pa mi vida cuando escriba? No necesariamente. Además, la transcripción literal de la vida resulta, entre otras cosas, muy aburrida. Demasiada rutina, demasiada prosa, demasiados tiempos muertos. La idea esencial es la siguiente: extraer de la propia vida el material con el que después haremos literatura.

Veamos algunos ejemplos:

  • Quiero hablar sobre el desamor, pero la verdad es que mi única relación hasta la fecha ha sido un rollo de tres semanas en Cullera. No escribas entonces sobre una traumática ruptura amorosa. No lo lograrás. En lugar de eso, escribe sobre el anhelo de amor bajo las centelleantes luces de colores de un chiringuito de playa. Eso también es desamor. Y no cualquiera. El tuyo.
  • Quiero escribir sobre la guerra, pero de ella sólo conozco las historias que me contaba mi abuela, que en plaz descanse. Pues vamos a ello. Pero no comiences un cuento sobre una joven y aterrorizada mujer en la Barcelona de 1937. Antes bien, comienza un relato sobre la extraña impresión que esas historias producían en el niño que las escuchaba. Si a veces le producían temor, cuéntalo. Si en otras ocasiones sólo despertaban su indiferencia y prefería jugar al Nintendo, cuéntalo también. Haz que pasen años. Haz que el niño se convierta en adulto y entienda la verdadera dimensión de aquellos hechos. Haz que la abuela muera. Haz que sea demasiado tarde para que el protagonista corra hacia ella y le diga: ahora entiendo lo que pasaste.

Respecto a este último ejemplo, todo genial, pero es que mi abuela sigue viva: da igual, mátala. Ya hemos dicho que no se trata de dar cuenta literal de la propia vida. ¿El hecho de que el personaje muera refuerza el sentido dramático de esta pequeña historia? Pues adelante. ¿Podría haber sucedido así? ¿Eres capaz de ponerte en esa situación? Tu relato, entonces, será versosímil.

Y poco importa que hayas mentido para lograrlo.

 

El conflicto

El conflicto es el motor, el catalizador, el detonante de toda historia que merezca la pena ser contada. Existen tres tipos de conflicto en narrativa:

  • El personaje contra sí mismo
  • El personaje contra otro personaje
  • El personaje contra el mundo

Podemos definir el conflicto narrativo como la tensión que se produce entre dos fuerzas contrapuestas. Dicha tensión va a desarrollarse y, forzosamente, resolverse de una u otra manera al final del relato. Esa resolución ha de llevarnos a una situación nueva.

Existen muchas técnicas y consejos que se pueden proporcionar a un escritor sobre el conflicto, pero de momento vamos a quedarnos con uno:

El conflicto se plantea siempre en la primera línea de nuestro relato

Así, volviendo a la tipología anterior, podríamos comenzar a escribir de la siguiente manera:

  • “Mi nombre es Lester y dentro de un año estaré muerto” (American Beauty); “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.” (El guardian entre el centeno).
  • “Sabía que era un error dejarle aquel dinero a mi hermano. ¿Qué necesidad tenía yo de más deudores…? Pero me llamó y me dijo que no podía pagar el plazo de la casa. ¿Oué otra opción me quedaba?” (Elefante, Raymond Carver).
  • El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superiora. Y yo no era la superiora de nadie.” (Estupor y temblores, Amelie Nothomb).

 

Resumen:

  • Escribid sobre lo que conozcáis. Escribid sobre vosotros mismos. Nadie más que vosotros mismos podrá hacerlo.
  • Escribidle a alguien. Pensad en alguien cuando escribáis. Por ejemplo, en mí. O en el efímero novio de Cullera. O en vuestra abuela. Habladle a ella. Decidle cuánto la echáis de menos. Aunque siga viva. Habladle siempre a alguien. Escribir no es más que un acto de comunicación entre personas. Nunca olvidéis eso.
  • Antes de comenzar una historia, pensad en vuestra propia experiencia. ¿Seguís empeñados en escribir sobre desamor a pesar de no haberlo experimentado? Bien, pues tratad de recordar una pérdida significativa en vuestra vida. Volved a ese sentimiento. Tratad de trasladarlo al amor. Ahí hay, al menos, un hilo del que empezar a tirar.
  • Si tenéis que mentir, exagerar, eliminar sucesos o inventar otros para reforzar la verdad de lo que tenéis que decir, adelante. Ése es el trabajo. Si la vida tal cual nos bastara, no existiría la literatura.
  • Poned al personaje en apuros desde la primera línea. El lector no os va a conceder más de un párrafo antes de encontrar ese conflicto que dará forma a todo vuestro cuento.

 

Y tres consejos:

  • No hay nada de malo en copiar estructuras, técnicas o truquillos de autores y autoras consagrados. El arte es una actividad colectiva. No surge del éter, sino de la acumulación de tradiciones y conocimientos. Procurad que no se note demasiado, eso sí.
  • De momento, no intentéis escribir “bonito”. La belleza es inherente a la sinceridad, la verosimilitud y el drama. Más adelante, cuando consigamos entender esto, profundizaremos en técnicas literarias que potencien dicha belleza.
  • No sois aficionados, curiosos ni aspirantes. Sois escritores y escritoras. Creéoslo. Poned música alta. Tapiad puertas y ventanas. Drogaos. Flipaos. Hagamos que esto merezca la pena.

 

Primer ejercicio: “Quién soy yo”

Se trata de hacer una pequeña presentación de nosotros mismos.

Y vamos a comenzar con el conflicto en la primera línea.

¿Cuáles son tus contradicciones, tus sueños incumplidos, esos rasgos que hacen que a ojos de los demás pases por un lunático de mierda pero, en realidad, posibilitan que seas esa persona terriblemente especial que sólo tú sabes que eres? ¿Por qué nadie te entiende? ¿Por qué odias tu trabajo? ¿Por qué te esfuerzas en ser feliz? ¿Qué parte de tu pasado no logras quitarte de encima? ¿Cuándo vas a dejar de comer tanto kebab y a apuntarte de una vez al gimnasio? ¿Dónde te gustaría haber nacido? ¿Cuáles son esas palabras que aún resuenan en tu cabeza? ¿Y por qué no las dijiste?

Acompañaremos el texto con la foto que nos tomamos frente al espejo y lo compartiremos.

Que Dios nos ayude.